Mesa redonda #lideresocultos

Seis líderes ocultos citados en un evento, a los que deliberadamente se les ha ocultado la planificación y el desarrollo del tipo de conferencia. Pablo Lara somete así a prueba a Marcos Ros, Luisa Palomares, Estefanía Aguilar, Elvira Aleixandre, David Maniega y Daniel Monleón. No están aquí por sus logros ni sus especialidades, sino porque alguien los ha propuesto como líderes ocultos.

Durante dos horas, Pablo encamina la sesión provocando microdiscusiones sobre liderazgo y documentalistas; diálogos donde ponentes y asistentes acercan sus roles para hablar en confianza y generar una interacción productiva, con una participación semejante por ambas partes.

Entrando en materia: ¿qué es el liderazgo?

Lara lanza esta cuestión a la mesa, donde nuestros líderes ocultos rechazan mayoritariamente ser líderes, quizás por modestia: «líder es un término un poco arrogante», dice Maniega. Sin embargo, aparecen una serie de aportaciones que van sugiriendo, poco a poco, el concepto de influencia.

¿Tienes poder?

Forzando la improvisación, nuestro moderador espolea la reflexión de los invitados añadiendo al concepto de influencia esta consulta sobre el poder. Aunque todos se declaran no poderosos, Elvira no puede ocultar la estela de influencia que ejerce sobre el Archivo Digital España Unión Europea, su hijo intelectual.

Aguilar señala que «dejar la semilla» en forma de aportaciones que se acaban teniendo en cuenta es una forma de poder. Ros apuntala que el documentalista que apoya la toma de decisiones tiene «parte de poder» pero no conoce todos los factores.

Matizando estos comentarios, que abundan en las formas de influir, Palomares y Monleón aluden a lo funcional, la labor, como fuente de poder: improvisar, salir del paso, ser excelente en el trabajo, son también formas en que se expresa el liderazgo.

El público entra en escena

Los asistentes, un grupo mixto de personas de entre 25 y 50 años mayoritariamente (digámoslo a ojo), nos vemos embarcados en una charla por turnos aleatorios, donde el orden viene dictado por un enorme dado-pelota-micrófono que lanza al azar el participante anterior.

El público asume la pregunta sobre el poder, y surgen definiciones como «la capacidad de decisión» y «la posibilidad de convencer a otros», que insisten en el concepto de influencia, cuya relación con el poder quedará confirmada por varias intervenciones.

En cambio, contextualizándolo en los servicios públicos bibliotecarios, otros profesionales hacen aportaciones menos convencionales: poniendo el poder en el usuario de los servicios, señalan al bibliotecario como un apoyo. «Facilitamos que el usuario tome decisiones a nivel individual» (Enric Campos); «el poder lo tienen los usuarios, nosotros lideramos ejerciendo la autoridad» (Pilar Bueno).

¿Por cuánto venderías tu empresa que funciona?

Como si de un experimento neurolingüístico se tratase, Lara planea observar a partir de aquí las respuestas de todos los participantes, atendiendo al tono, o las veces que se dice «pero», o «creo que…», y el uso de la fórmula «depende».

En la mesa, las respuestas son diversas. Los «no lo haría de ninguna manera» (Ros) y los «la vendería por el máximo posible» (Maniega), se mezclan con los «depende», «en función de»…

Lara usa los depende como alerta de posibles inseguridades; «hace falta seguridad», asevera. «Cuando construyes el liderazgo se encuentran carencias en tus competencias», dice, lo cual aprovecha para lanzar a la mesa la siguiente cuestión:

¿En qué sois buenos?

Desde la mesa y el público surge una gran variedad de competencias: «no tener miedo al cambio», «medir bien los riesgos», «intuición», «técnicas web», «capacidad de análisis y síntesis», «apoyos», «empatía», «adaptabilidad», «aprender», «dinamizar», «organizar», «dirigir equipos»,…

Pablo aprovecha para señalar las veces que los asistentes han rebajado involuntariamente su propia calificación de fortalezas con la palabra «creo».

¿Qué ganaría si me junto contigo?, o elevator speech

Aleatoriamente, los asistentes responden con breves eslóganes que, como si de anuncios publicitarios se tratara, elogian bien sus cualidades técnicas, bien sus actitudes.

Y es que resulta que no es indiferente elogiar una u otra faceta. Como Lara explica, y demuestra consultando al auditorio, los discursos centrados en las actitudes tienen más éxito que aquellos que resaltan el perfil y las cualidades técnicas.

¿Qué significa para vosotros la palabra fracaso?

Nuestro moderador da un giro de timón al signo positivo de la charla, preguntando directamente a la mesa por el concepto de fracaso.

Con respuestas desiguales, Maniega y Monleón concretan el fracaso en experiencias fallidas: «un producto sin capacidad de venta» y «una campaña con demasiada competencia»; mientras que Ros, Palomares y Aguilar dan un rodeo centrándose en la superación de experiencias difíciles: «algunos proyectos no salen y hay que tomar decisiones», «logré que funcionara la biblioteca escolar», «al dejar el trabajo me enriquecí». Aleixandre, por su parte, sentencia que «no tengo una concepción mercantilista del trabajo».

¿Qué has aprendido?

Lara nos encamina al final de la sesión devolviéndole el enfoque positivo: el público responde ahora sobre el provecho que ha obtenido de la charla. «Con muy poco se puede ser líder»; «no tener miedo al cambio»; «hay que dedicarle tiempo a cada proyecto»; «hay que saber valorarse a sí mismo»,… son comentarios con los que Adolfo Alonso, Mario Gato y Julián Marquina, entre otros asistentes, cifran lo aprendido en la sesión: una lista de deberes, o “hayques”, que, si estamos de acuerdo con ellos, debemos incorporar a nuestro día a día.

Un DAFO improvisado de la charla, firmado por nuestro moderador, pone fin a la sesión. La falta de confianza y la constante defensa de la profesión afloran como debilidad y amenaza, mientras que la parte positiva se centra en la capacidad de influir de los documentalistas y de la posibilidad «de llegar muy lejos». Sólo nos hace falta, dice Lara, «conocernos un poco más a nosotros mismos».

Enrique Cano.

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